sábado, 9 de agosto de 2008

Epílogo

Soy Hari Seldon, antiguo primer ministro del emperador Cleón I, profesor emérito de psicohistoria en la Universidad de Streeling en Trantor, director del proyecto de investigación psicohistórica, director ejecutivo de la enciclopedia galáctica y creador de la Fundación. foundation_lg

Ya sé que parece impresionante. He hecho muchas cosas en mis ochenta y un años de existencia, y estoy muy cansado. Si pienso en mi vida me pregunto si podría..., si no tendría que haber obrado de forma distinta en algunas ocasiones. Por ejemplo: ¿acaso no hubo momentos en los que llegué a obsesionarme tanto con el inmenso alcance de la psicohistoria que, en comparación, pensé que los acontecimientos y las personas que se cruzaron en mi camino carecían de importancia?

Quizá se me pasaron por alto algunos pequeños ajustes que hubiese podido hacer aquí y allá, retoques insignificantes que no habrían supuesto ningún peligro para el futuro de la Humanidad pero que podrían haber mejorado la vida de algún individuo al que quería. Yugo, Raych... No puedo evitar preguntármelo... ¿Acaso habría podido hacer algo para salvar a mi amada Dors?

El mes pasado acabé de grabar los hologramas de la crisis. Gaal Dornick, mi ayudante, los ha llevado a Terminus para supervisar su instalación en la bóveda Seldon.

Dornick se asegurará de que la bóveda quede sellada y de dejar las instrucciones necesarias para las eventuales aberturas de la bóveda durante las crisis.

Naturalmente, cuando lleguen estaré muerto.

¿Qué pensarán los futuros miembros de la Fundación cuando me vean (o, para ser más exactos, cuando vean mi holograma) durante la primera crisis, dentro de unos cincuenta años? ¿Harán algún comentario sobre lo viejo que estoy; o lo débil que suena mi voz, o lo pequeño que parezco encogido en esta silla de ruedas? ¿Comprenderán el mensaje que les he dejado, sabrán apreciarlo? Ah, bueno, la verdad es que especular no sirve de nada... Como dirían los antiguos: los dados están echados.

Ayer tuve noticias de Gaal. En Terminus todo va bien. Bor Alurin y los miembros del proyecto son felices en su «exilio». No debería permitirme esa debilidad, pero cada vez que recuerdo la cara de satisfacción que puso ese idiota pomposo llamado Linge Chen cuando decretó la expulsión del proyecto a Terminus hace ya dos años, no puedo contener la risa. El exilio acabó siendo expresado mediante un decreto imperial («Una institución científica apoyada por el Estado y parte del dominio personal de Su Augusta Majestad el Emperador...» El alto comisionado quería expulsarnos de Trantor y tenernos lo más lejos posible, pero no pudo soportar la idea de perder todo el control sobre el proyecto), pero saber que Las Zenow y yo escogimos Terminus para que fuese el hogar de la Fundación sigue siendo una fuente de placer secreto.

Lo único que lamento en lo que concierne a Linge Chen es que no pudiéramos salvar a Agis. Aquel emperador era un buen hombre y un líder noble, a pesar de que de imperial sólo tuviese el nombre... Su error fue no creer en su título, y la comisión de seguridad pública no estaba dispuesta a tolerar el progresivo reforzamiento de la independencia imperial.

Me he preguntado más de una vez qué hicieron con Agis... ¿Fue exilado a algún remoto mundo exterior o fue asesinado como Cleón?

El muchacho que se sienta en el trono es el perfecto emperador-títere. Obedece cada palabra que Linge Chen susurra a su oído y se considera un gran estadista en ciernes.

Para él su palacio y los adornos de la vida imperial no son más que juguetes de un juego inmenso y fantástico.

¿Qué voy a hacer ahora? Gaal por fin se ha marchado para incorporarse al grupo de Terminus, y me he quedado totalmente solo. De vez en cuando me llegan noticias de Wanda. El trabajo continúa y durante la última década ella y Stettin han añadido decenas de mentalistas al grupo. Su poder aumenta a cada momento que pasa. Fue ese contingente de mentalistas, mi Fundación secreta, el que convenció a Linge Chen de que enviara los enciclopedistas a Terminus.

Echo de menos a Wanda. Han pasado muchos años desde que la vi por última vez y estuve sentado junto a ella cogiéndole la mano. Cuando se marchó creí que moriría de tristeza a pesar de que fui yo quien le había pedido que se fuese. Quizá fue la decisión más difícil de toda mi vida, y aunque nunca se lo he dicho, estuve a punto de no tomarla.

Pero si quería que la Fundación triunfara era necesario que Wanda y Stettin se marcharan de Trantor. La psicohistoria así lo decretó..., y puede que después de todo la decisión realmente no fuese mía.

Sigo acudiendo cada día a mi despacho en el edificio psicohistoria. Me acuerdo de los días en que estaba lleno de gente a todas horas. A veces tengo la sensación de que está lleno de voces, las voces de la familia que perdí hace tanto tiempo, las voces de los estudiantes y de mis colegas..., pero los despachos están vacíos y silenciosos. El zumbido de mi silla de ruedas crea ecos por los pasillos.

Supongo que debería abandonar el edificio y devolverlo a la universidad para que lo asignen a otro departamento, pero... No sé por qué, pero me resisto a marcharme de aquí. Hay tantos recuerdos...

Ahora sólo me queda mi primer radiante, el instrumento que permite hacer los cálculos de la psicohistoria y analizar todas las ecuaciones de mi plan..., y todo está dentro de este pequeño y asombroso cubo negro. Mientras contemplo esta herramienta engañosamente simple que sostengo en la palma de mi mano pienso en lo mucho que me gustaría enseñársela a R. Daneel Olivaw...

Pero estoy solo, y me basta con pulsar un botón para disminuir la intensidad de las luces del despacho. Me reclino en mi silla de ruedas, activo el primer radiante y las ecuaciones despliegan su esplendor tridimensional a mi alrededor. Para el ojo no adiestrado este torbellino multicolor no seria más que un amasijo ininteligible de formas y números, pero para mí -y para Yugo, Wanda y Gaal-, es la psicohistoria que cobra vida.

Lo que veo ante mí y a mi alrededor es el futuro de la Humanidad. Treinta mil años de caos potencial comprimidos en un único milenio... Esa parte que aumenta su brillo deslumbrante cada día es la ecuación de Terminus, y allí -tan deformadas que ya es imposible devolverlas a su estado original-, están las cifras de Trantor. Pero también puedo ver..., sí, allí está el débil resplandor de una lucecita de esperanza... ¡La segunda Fundación!

Esto... esto fue la obra de mi vida. Mi pasado..., el futuro de la Humanidad. La Fundación... Tan hermosa, tan viva... Y nada puede...

¡Dors!

__________

SELDON, HARI. Fue encontrado muerto sobre su escritorio en su despacho de la Universidad de Streeling el 12.069 E.G. (E.F.). Al parecer, Seldon estuvo trabajando hasta el último momento en sus ecuaciones psicohistóricas, y se encontró su primer radiante activado entre los dedos de su mano...

El instrumento fue enviado a su colega Gaal Dornick, quien había emigrado recientemente a Terminus, siguiendo las instrucciones dejadas por Seldon...

El cuerpo de Seldon fue enviado al espacio, también en obediencia a sus instrucciones. El servicio fúnebre oficial celebrado en Trantor fue sencillo, aunque estuvo bastante concurrido, y se ha de hacer constar que Eto Demerzel, el antiguo primer ministro y viejo amigo de Seldon, asistió a él. Demerzel no había sido visto desde su misteriosa desaparición después de la conspiración joranumita durante el reinado del emperador Cleón I. Los intentos de localizar a Demerzel durante los días siguientes al servicio fúnebre de Seldon hechos por la comisión de seguridad pública, no dieron ningún resultado...

Wanda Seldon, la nieta de Hari Seldon, no asistió a la ceremonia. Se rumorea que se encontraba tan afectada que se negó a hacer ninguna aparición en público. Hasta el momento su paradero posterior sigue siendo desconocido...

Se ha afirmado que Seldon murió tal y como había vivido, pues abandonó el mundo de los vivos con el futuro que había creado desplegándose a su alrededor...

ENCICLOPEDIA GALÁCTICA[1]


[1] Todas las citas de la Enciclopedia Galáctica reproducidas están tomadas de la edición número 116, publicada el año 1020 E.F. por la Compañía Editora de la Enciclopedia Galáctica, Terminus, con permiso de la editorial.

Isaac Asimov - Hacia la Fundación

2 comentarios:

Marcos dijo...

aquí termina No orines en la cerca electrificada?

mientras podamos ver que no estamos haciendo las cosas todo lo bien que podemos para nosotros y los demás podemos tratar de mejorar, creo.

betatrion dijo...

No, queda mucho por orinar aún.